La tragedia de los comunes (en mi gimnasio)

Cuando hablo de la tragedia de los comunes, no me refiero al partido de Ada Colau y compañía, sino a la parábola expuesta por el matemático William Forster Lloyd en el año 1883 que, posteriormente, recuperó Garrett Hardin en su famoso artículo titulado The Tragedy of the Commons (publicado en 1968).

El dilema de los comunes cuenta la historia de un grupo de pastores que utilizaban una misma zona de pastos de propiedad comunal. Uno de los pastores pensó un día que podía añadir una oveja más a las que pacían en los pastos comunes pensando que su impacto apenas afectaría a la capacidad de recuperación de los pastos. Los demás pastores, individualmente, pensaron lo mismo también. Al final, la suma del deterioro imperceptible causado por cada oveja de más que añadieron los pastores arruinó los pastos comunes y, consecuentemente, tanto animales como pastores murieron de hambre.

He recuperado esta parábola que gira alrededor de la responsabilidad individual y el efecto de la suma de acciones individuales sobre la colectividad para ilustrar como la tragedia de los comunes sigue bien viva en nuestro día a día, concretamente, en un espacio tan cotidiano com es un gimnasio.

Hoy me quedé perplejo al ver como un socio del gimnasio se echaba una cantidad del jabón común del vestuario masculino como para ducharse una semana entera y, seguidamente, más perplejo aún al ver como varios socios se secaban el cuerpo con uno o hasta dos secadores de mano a la vez (en pleno mes de junio!). ¿Por qué usar la toalla cuando se puede usar el secador “gratis”?

Este despilfarro individual de producto (jabón) y energía (electricidad) tiene consecuencias económicas y ecológicas negativas que no solo afectan a la gente abonada al gimnasio, sinó que también afectan al resto de la población.

Por un lado, si todos los socios y socias actuaramos de la misma forma acabaríamos provocando una subida de la cuota mensual del gimnasio. Por otro lado, el aumento de la demanda de energía, aparte de las prevesibles consecuencias ambientales, también se podría traducir en una subida del precio de la energía para toda la población.

En conclusión, cuando no existe una autoregulación individual, ¿qué tenemos que hacer? ¿Privatizar el jabón y el secador (modelo liberal)? ¿Instaurar una autoridad de control en el vestuario (modelo estatista)? ¿Regular ese tipo de comportamiento entre todos los socios y socias (modelo comunalista)? La vida es política.

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