Pisos turísticos ¿especulación inmobiliaria o economía colaborativa?

Las plataformas de alquiler vacacional, como Airbnb, Homestay o Wimdu, han supuesto una revolución en el sector del alojamiento turístico y ya representan un 25% del mercado español según un estudio realizado por “The Ostelea Business School of Tourism & Hospitality en el año 2015.

Estas plataformas forman parte del creciente modelo de la economía colaborativa, concretamente del denominado alojamiento peer-to-peer (P2P). Un modelo basado en la compartición o intercambio de recursos propios y no en la generación de nuevos. La mayor parte de los usuarios de plataformas colaborativas (en España) participan en este modelo por el ahorro (64%), el menor impacto medioambiental (59%), el refuerzo de la comunidad (59%) y la posibilidad de lucro (54%).

Con estos datos en la mano, la primera impresión sobre este modelo suele ser muy positiva, pero, si analizamos a fondo la realidad del sector del alojamiento turístico, no todo es de color de rosa.

La proliferación de los denominados “pisos turísticos” está generando un problema de convivencia entre los arrendatarios de estos pisos y la población residente (el llamado “turismo de borrachera”). Un conflicto social que ha generado protestas vecinales y que está en la agenda política de muchos ayuntamientos, teniendo como caso emblemático el municipio de Barcelona.

Aunque la convivencia sea la parte más vistosa del problema de los “pisos turísticos”, su rentabilidad superior respecto al alquiler no vacacional está generando otras problemáticas. En Barcelona, según un estudio de la consultora EY de 2015, los beneficios que genera un alquiler medio de 750 eur pueden subir hasta 1.670 euros (+123%) como “piso turístico”.

Entre estas problemáticas destaca la especulación inmobiliaria que, avivada por la presión turística descontrolada, está provocando una escasez del alquiler convencional y un aumento del coste de la vida (con alto riesgo de gentrificación de algunos barrios). Sólo hay que echar un vistazo a los datos.

En el último informe trimestral de 2016 del portal inmobiliario idealista.com, se constata que Barcelona es la ciudad del Estado donde porcentualmente sube más el alquiler (+22,4%) y, según un informe sobre el mercado de la vivienda elaborada por Tecnocasa y la Universitat Pompeu Fabra (UPF), cuatro de cada diez inmuebles que se compraron en Barcelona durante el primer semestre de 2016 fueron adquiridos por inversores inmobiliarios.

La alta demanda residencial que tienen municipios como Barcelona, sumada al fenómeno de los “pisos turísticos”, está suponiendo un reto para los reguladores públicos. El derecho al acceso a la vivienda está cada vez menos garantizado y parece que la economía colaborativa, dentro de la lógica del mercado y el afán de lucro, está siendo más parte del problema que de la solución. Habrá que seguir trabajando en nuevos modelos económicos que garanticen plenamente los derechos de la ciudadanía.

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Pisos turísticos ¿especulación inmobiliaria o economía colaborativa?

La cultura política (3/3)

La economía

Y por último, el tema más complejo y que más controversía está provocando en la escena política actual: la economía. Hoy en día, hablar de economía es algo muy común, está en boca de todos gracias a la actual crisis. Sí, esa que no es culpa de nadie y de todos a la vez.

I. Reflexiones

Desregulación, globalización, deslocalización, especulación, evasión fiscal, acumulación desmedida, crecimiento infinito.  ¿Qué ha causado esta crisis? ¿Y las anteriores? ¿Estamos ante una crisis sistémica? ¿Una estructural?

Entidades financieras, gobiernos, inversores, aseguradoras, agencias de calificación, familías, grandes empresarios, asalariados, pymes, autónomos. ¿Quiénes son los responsables? ¿Quiénes velan por el buen funcionamiento de la economía? ¿Quiénes forman parte de los famosos “mercados”? ¿Quién controla a quién?

Deuda pública, recortes, privatizaciones, precariedad, paro, desigualdad, pobreza, destrucción del medio ambiente. ¿Qué más queda por llegar? ¿Qué nos espera a corto y largo plazo? ¿Hay alternativas a las actuales políticas de austeridad? ¿Qué podemos hacer como ciudadanos?

II. Un poco de historia

El modelo social de la Europa de postguerra, nuestro querido Estado del bienestar, se ha basado principalmente en una corriente económica llamada keynesianismo. Keynes y sus partidarios propusieron un sistema capitalista “cíclico” donde el Estado era el encargado de reactivar la economía durante las crisis estructurales del propio sistema, derivadas de la acumulación de capital y la necesidad de crecimiento infinito para sobrevivir.

En este modelo de economía mixta, que incorporaba elementos de mercado libre (propiedad privada, empresas capitalistas) y de planificación (propiedad pública, empresas estatales), se daba especial importancia a la redistribución de riqueza vía impuestos para garantizar un acceso universal a los servicios básicos y un buen sistema de Seguridad Social.

Todo fue bien hasta que, durante la crisis del petróleo de los años 70, se produjo un fenómeno económico que las políticas keynesianas no supieron resolver, la estanflación (estancamiento e inflación a la vez) . Derivado de ello, algunos economistas comenzaron a cuestionar el modelo keynesiano y eso llevó al surgimiento de una “nueva” corriente socio-económica, basada en el liberalismo clásico, el llamado neoliberalismo. Sus máximos exponentes políticos de la época fueron Reagan en EEUU y Thatcher en Reino Unido.

Esta “nueva” corriente alcanzaría su apogeo durante los años 90, tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS, coincidiendo con el comienzo de una nueva etapa histórica: la globalización.

III. Crítica al Estado del bienestar

Antes de analizar las políticas neoliberales, me gustaría revisar si el bienestar de estos últimos 30 años ha sido real o ha sido ficticio. A día de hoy, es fácil detectar aquellos países en los que ha sido claramente ficticio. Todos aquellos que se han basado en búrbujas económicas y crédito para mantenerlo. Pero creo que si analizamos las políticas económicas, dejando a un lado la especulación y los préstamos, nos encontraremos con uno de los factores que más ha influido a la hora de lograr ese bienestar: el neocolonialismo, el imperialismo del siglo XX.

La explotación “económica” de los denominados países subdesarrollados (sobretodo África y Lationamérica) es el motor de la economía global y en consecuencia, uno de los mecanismos que ha permitido y aún permite mantener el Estado del bienestar occidental. Cuando los países desarrollados no puedan seguir extrayendo recursos a bajo coste y contratantado mano de obra barata fuera de sus fronteras, entonces se empezarán a igualar las condiciones de vida a nivel mundial y se acabará desenmascarando nuestra realidad.

Obviamente, las políticas neoliberales actuales también jugarán un papel muy importante en este proceso, pues lo accelerarán aún más. Mientras que el neocolonialismo aumenta la desigualdad a nivel internacional (entre países), el neoliberalismo hace lo propio a nivel internacional y nacional (entre clases sociales).

IV. Neoliberalismo

La llegada del neoliberalismo es, en mi opinión, el tiro de salida del desmantelamiento del Estado del bienestar [1]. Es un punto de inflexión. Es el momento histórico en el que se abandonan las políticas de intervención estatal (y de planificación de la economía) para dar la bienvenida a la desregulación de los mercados.

Durante este período se inician grandes privatizaciones del sector público que, sin entrar a discutir si son beneficiosas o no, originan un clientelismo entre clase política y clase económica que actualmente conocemos como la teoría de las puertas giratorias[2][3]. Y por otro lado, la desregulación provoca un aumento desenfrenado de la especulación que se traduce en la formación de mega búrbujas financieras e inmobiliarias (en diversos países).

Todo parece ir “bien” hasta que de repente, en 2006, explota la burbuja inmobiliaria en EEUU y esta origina la crisis de las hipotecas subprime o también conocida como crisis NINJA (No Income No Job no Assets). Crisis que se propaga a nivel mundial a finales de 2008, provocando una gran crisis económica que aún dura y que castiga con fuerza a Europa, especialmente a la zona periférica -los peyorativamente denominados PIGS (Portugal, Italy, Greece, Spain), Irlanda y recientemente Chipre-.

V. El poder de la deuda

En Latino América, al caer las dictaduras, se sustituyeron los ejércitos por otro instrumento de control mucho más eficaz y menos costoso: la deuda externa. Detrás de este mecanismo de conquista encubierta[4][5], tenemos como principales actores al Banco Mundial y al FMI. Las políticas económicas de estos organismos no democráticos siempre han tenido las mismas consecuencias en los países dónde se han aplicado: la creación de más deuda y las consecuentes medidas para devolverla (recortes, privatizaciones, trabajo precario, expolio de los recursos naturales, etc). Generando así aún más deuda, entrando en un ciclo infinito perverso del cual no se puede salir.

Ahora se repite la misma historia pero con distinto escenario y diferentes actores. La Troika (CEBCE y FMI) es la encargada de imponer las recetas económicas y Europa es la nueva paciente.

Tal y como sucedió en América Latina y como ha reconocido incluso la propia Troika con el caso de Grecia, las políticas de recuperación económica y  devolución de la deuda no están sirviendo para reactivar la economía de los países donde se están aplicando [6]. Unas políticas que además, no afectan a toda la población por igual [7][8].

Si a principios del siglo XXI, se equiparaba por primera vez el gravamen sobre los rendimientos del trabajo y del capital [12], ahora parece que la tendencia de las políticas fiscales es volver a gravar más el trabajo [13][14]. Estas medidas, sumadas a la evasión fiscal incontrolada, tanto ilegal (dinero negro) como legal (ingeniería financiera y paraísos fiscales), están provocando un empobrecimiento de gran parte de la población porque afectan muy directamente a las clases media y baja.

VI. Modelo económico actual

Recientemente, el especialista en psicología clínica Antoni Talarn, en una aparición en la telivisión pública [15], explicaba que la dinámica psicológica que propicia el sistema capitalista fomenta la codícia, la avarícia y la corrupción. Afirmando así que la crisis global que vivimos es consecuencia del propio sistema.

Según su opinión, nuesta época globalizada se caracteriza por la uniformidad y tiende a la ley del mínimo esfuerzo y a un pensamiento único y débil que como consecuencia, genera una sociedad donde hay un desconocimiento profundo del otro, miedo al futuro y una obsesión por la previsión y el control.

Si esto es así, ahora más que nunca, necesitamos construir un pensamiento crítico que ponga en entredicho ese pensamiento único del que habla el señor Talarn. Aunque para ello, debamos explorar y debatir antes todos los distintos modelos socioeconómicos que se presentan como alternativos al actual, desde los más reformistas hasta los más rompedores.

VII. Alternativas

A la polarización clásica entre capitalistas (liberales o socialdemócratas) y anticapitalistas (socialistas o anarquistas) se ha añadido hace poco una nueva corriente llamada la “Economía del Bien Común“. Que después de estudiarla a fondo [9], he llegado a la conclusión de que es una especie de economía participativa (parecon) con toques de socialismo autogestionario en donde coexiste una propiedad privada -democráticamente- limitada, una pública -comunitaria- y una híbrida según el tamaño. En definitiva, un mix de los dos sistemas clásicos.

Sea cual sea el módelo de cambio, es muy importante quedarse con el mensaje de que hay alternativas y que no son utopías, que algunas ya se están aplicando en otros países incluso. Nunca antes se había visto tantas propuestas por parte de la sociedad civil: renta básica, salario máximo interprofesional [10], autoconsumo energético [11], bancos de tiempo, presupuestos participativos, cámaras deliberativas ciudadanas, etc. Estamos viviendo un momento histórico.

En definitiva, creo que es necesario provocar  una ruptura con el sistema actual para poder iniciar un proceso constituyente, basado en el consenso y la particpación ciudadana, que dé como resultado un nuevo modelo -abierto y democrático-, beneficioso para la mayoría, donde prime la justícia -social y ambiental- sobre el dinero y los intereses individuales que nos han llevado a la situación actual.

Pepe

La cultura política (3/3)